domingo, 8 de junho de 2008

Chávez es atarantado; pero, no mocho.

“Chávez es atarantado; pero, no mocho. Y que él va con todo, porque sabe que después van por él”. Lo dice, en su análisis de este domingo en “El Universal”, Carlos Blanco al valorar la situación de la oposición ante las regionales.

Esta es su columna:
Fraudes
Las elecciones del partido oficial están plagadas de fraudes. Las del país también. El fraude masivo del referéndum de 2004 y de las subsiguientes consultas electorales ha contagiado a todas las elecciones tocadas por la mano ulcerada del régimen. En el referéndum de 2007 el balance final no pudo ser alterado, pero los resultados son ignotos y todos los miembros del CNE están estreñidos con el tema.
Las conductas fraudulentas alcanzan una justificación principista en la lógica que mueve este bochinche: no puede permitirse que el vaivén electoral ponga en peligro un proceso de “cambios profundos”. La obligación moral que los bolivarianos se imponen es impedir que a través del mareo ideológico, los débiles de espíritu se coloquen del lado del imperio. La conciencia iluminada de los dueños del país está para impedir esas distorsiones de los que se creyeron la comiquita del poder del “sobe- rano”.
Cuando el fraude comienza a ser aplicado contra los enemigos, bien pronto se convierte en modo de conducta con los propios. Ahora el chavismo sabe a qué sabe y con qué se come el fraude electoral. Es amargo, baboso y salado.
Debe recordarse que en los procesos electorales como los presentes, la oposición no compite con los partidos del Gobierno, sino contra toda la estructura del Estado, contra la desorbitada tramoya comunicacional oficial y el aparataje internacional financiado por el fisco.
Esa actitud es lo que llevó a Venezuela a votar por Chávez porque -se decía- era lo que estaba a mano para un cambio profundo.
Siempre conviene recordar que Chávez es atarantado; pero, no mocho. Y que él va con todo, porque sabe que después van por él.
Noticias24hs